jueves, 14 de enero de 2016

Es tiempo de regresar...

Hasta ahora este ha sido mi diario digital. Lo utilicé para acallar algunas voces que gritaban dentro de mi.
Hoy lo retomo para seguir escribiendo sobre lo que siento y sobre lo que pienso, de todo y todos.

Ojalá siga encontrando respuestas a mis preguntas.


martes, 3 de septiembre de 2013

Un paso adelante, nada más.

Un paso más, sólo uno más...

Ese día me fui y no me despedí. Aún estaba molesta contigo por la discusión de días atrás.
Tu depresión y mis problemas no eran una buena combinación.
Llegué al trabajo y como siempre me perdí en las carreras y los pendientes, hasta que una llamada inesperada me avisó de tu secuestro. No lo podía creer.

La primera reacción fue llamarte al celular y para mi sorpresa me respondiste, te escuchabas tranquilo.
-"Decile a mi mamá que la quiero, que todo va a estar bien".
Después, silencio.

Te busqué en hospitales, morgues, cárceles, calles y con el tiempo te terminé buscando en mis recuerdos, en mis fotos, en los baúles.

7 años se dicen tan rápido, tan sencillo. Hacer cuentas ahora resulta tan fácil, hacer el recuento de los daños, no tanto.

Te di por muerto ante la incertidumbre de tu paradero, pero sé que aún tengo en el fondo del corazón, ahí en el rincón donde guardo tu risa y tu alegría; la esperanza. Esa necia que vive de la ilusión de volverte a encontrar.

El dolor de los primeros años parece haber menguado,  a veces está tan disfrazado de rutina que no se siente. Podría convencerme a mi misma que ya no duele tanto.
Pero un día, un día como hoy, la nostalgia toca la puerta y se ríe en mi cara.

Ilusa.
El dolor aquí está, es una realidad, es una verdad de la que no se puede escapar.
No se puede dejar de amar, no se puede dejar de extrañar, no se puede dejar de esperar; sólo podemos dar un paso más, hacia adelante. Sobrevivir.

Sé que he llegado hasta aquí, porque cada día y ante cada reto, pongo un pie delante del otro y me convenzo a mi misma que está prohibido detenerse.

No sé si te volveré a ver, si podré abrazarte otra vez, si tan siquiera podré escuchar tu voz. Sólo sé, que si me mantengo firme y sobrevivo, encontraré consuelo en todos los momentos que vivimos juntos.

28 años no fueron suficientes hermano, la vida nos quedó a deber. Pero te agradezco los momentos increíbles que compartí a tu lado, la mano que me brindaste cuando más lo necesité, el consuelo cuando mi mundo se derrumbó, el aliento para no dejarme vencer, el amor incodicional por mis hijos y la valentía de haber vivido tu vida hasta el último momento con entrega y pasión.

No necesito decirte cuanto te quiero, sé que lo sabes.
No necesito llorarte más, porque sé que nunca será suficiente.

Sólo seguiré dando un paso delante de otro, hasta llegar a ese lugar donde nos encontremos de nuevo.

lunes, 11 de febrero de 2013

Hace tan sólo 16 años.

Este pequeño capítulo de mi vida debió estar listo para el 22 de enero, pero es tan difícil escribir cuando se tiene que entrar tan adentro del alma. Lo obscuro asusta.

16 años se pasan volando, el tiempo es lo único que no se detiene. Pienso.

Hace 16 años salí a trabajar, como de costumbre. Una mañana hermosa, me sentía con algún malestar, nada nuevo para los últimos días. Trabajé con alguna dificultad, algunas personas me preguntaron si acaso me sentía bien, a todos les respondí que sí.
A la salida me subí al transporte escolar en el que hacía recorrido, el piloto me preguntó si me pasaba algo. Volví y respondí de nuevo que no.

El piloto me dejó a unas cuadras de mi casa como todos los días. Al bajarme ya no me sentía tan bien. Unos  pasos bastaron para darme cuenta que algo andaba mal. Me sentía mojada y en un instante de pánico desperté de ese estado de negación... ¡Por Dios! ¡Rompí fuente, voy a tener un bebé!.

Hacía dos años nacía mi hijo, al que su papá por supuesto no quiso reconocer, mucho menos criar. Me quedé sola con 20 años y un niño que mantener. Sin embargo el dolor y la decepción no fueron suficientes para negarme a volver a ver a aquel hombre que creía el "amor de mi vida".
Con la esperanza de darle a mi hijo una familia y "ser feliz" caí de nuevo en la tentación de intentar una relación con él. Sin éxito, claro está,  lo único que obtuve fue un segundo embarazo.

Lo supe casi inmediatamente, el terror invadió mi vida. ¿Cómo pude ser tan tonta? ¿Qué voy a hacer? ¿Cómo se lo digo a mi familia? ¿Cómo se lo digo a él? ¿Cómo sobrevivir con un miserable sueldo y dos niños, sola?
Lo traté de localizar, en vano, sabía que él no se haría responsable, ya era demasiado tarde.

No sabía a donde ir o a quién acudir. Estaba aterrorizada.
Mi angustia se transformó en insomnio, en desesperación.
Jamás me había sentido tan sola, tan vulnerable, tan "estúpida".
¿Quién podía embarazarse dos veces del mismo idiota? Yo, claro.

Las preguntas me agobiaban, ¿Y si me echan? ¿A dónde voy a ir? ¿Qué van a comer mis hijos?
Después de un par de semanas al borde de la locura, me convencí a mi misma que esta situación no podía ser real, no podía con tanta presión, no podía con tremendo problema.
Y mi mente decidió olvidarse del problema, durante 9 largos meses.

No pensé más en eso. No fui al médico, no le conté a nadie, ni siquiera me permití engordar.
Al pasar los meses me hice a la idea que era un mal sueño y que nada estaba pasando. Sentí un gran alivio, una falsa tranquilidad.

Ese día, el 22 de enero, el susto de la posibilidad de poder morir ahí mismo me provocó un desmayo.
¡Tendría un bebé! Fue demasiado el impacto. Sabía que iba a morir. No podía tener hijos por parto natural, tenía que ser una cesárea.

Una mujer que pasó por el lugar me encontró desmayada, me subió a su automóvil y me revisaba para encontrar una dirección a donde llevarme. Cuándo logré despertar le pedí casi suplicando me llevara a un hospital, el más cercano.
La pobre no sabía que pasaba pero me llevó al primer hospital público que encontramos.

Entré gritando que necesitaba un médico, que había roto fuente y que no dilataba, necesitaba urgentemente una cesárea. El médico que me atendió no podía creerlo, me medía y no podía entender que yo estuviera embarazada, era algo casi imposible, mi abdomen era normal.
Después de casi obligarlo a hacerme un ultrasonido, se quedó si voz. Corrió por una enfermera y me llevó de inmediato a sala de operaciones. La epidural no dolió, la angustia era demasiada.

Una hora después la enfermera corría con una pequeña niña de 7 libras 8 onzas, hermosa, brillante, sonriente. Urge una incubadora gritó. Me angustié, la culpa me invadió, el miedo regresó.

Desperté temblando en una camilla helada, sola. Lloré mi cuota de esta vida y de un par más.
Una enfermera llegó a consolarme y asombrada me reconoció. Resultó ser una vecina que al rato corrió a  avisarle del acontecimiento a mi mamá, que ya preocupada me esperaba en la casa.

Era de esperarse que no pudieran creerlo, que me rechazaran, que no me perdonaran el hecho de embarazarme otra vez y además de haberlo ocultado durante todo el tiempo.

Nadie llegó.

A los tres días mis amigas llegaron por mí y por mi hija. No teníamos nada. Salí con la misma ropa con la que llegué y ella con una pijama rosada que un alma caritativa le regaló.
Llegué a mi casa y encontré una maleta y la furia de una familia que me consideraba la persona más irresponsable de este planeta, con mucha razón, con toda la razón.

Mi hijo de 2 años lloraba porque no me había visto en tres días. Yo lloraba con él y mi niña en brazos.
Me pidieron que me fuera, pero que dejara a los niños. Jamás hubiera podido hacerlo, si yo me iba ellos se irían conmigo. Saqué fuerzas de donde no las tenía y al final creo que eso los conmovió y me permitieron quedarme.

Fue duro, pero 16 años después puedo voltear a ver ese pasado  y  no me siento avergonzada. He trabajado durante 18 años por mis hijos, los he sacado adelante.
Sufrí, lloré, me partí el alma por darles todo cuanto necesitaron para estar bien. Hoy son seres humanos maravillosos y yo una mujer que se sigue construyendo.
Me sigo perdonando por tantos errores,  porque lo único que realmente soy es imperfecta.
Reconozco que he tenido la valentía de dar la cara y levantarme cada vez que me ha tocado caer.


lunes, 19 de marzo de 2012

A propósito del Bulling....cicatrices del acoso escolar.

Cuando eres una niña de 7 años la emoción por entrar al colegio sólo puede ser comparada con un viaje o un grandioso regalo. Tú primer día es emocionante. Quieres conocer a tus amigas, quieres aprender, quieres empezar esa gran aventura de leer y escribir.


Llegas y todo parece normal, tu maestra es bonita, inteligente y graciosa; tus compañeras son como las imaginabas, niñas como tú, tus futuras amigas.


Hasta el momento las únicas diferencias entre unas y otras es el color del cabello y que algunas son más extrovertidas que otras. Sin embargo eres muy chica para comprender que hay diferencias entre ellas y tú, que aún no has notado...o peor aún que sólo ellas notan.


A los 7 años no tienes consciencia de tu situación económica con respecto a los demás, o de que tus diferencias físicas sean un problema. Eres una niña feliz, como todas.


A los 7 años inició mi aventura en un colegio de señoritas....el Monte María. Colegio de gran prestigio, con una excelente educación académica, en valores y deportes. Mi mamá, una orgullosa ex-alumna, que como todas, tenía la ilusión de que su primera hija estudiara en su "Alma Mater".
Que lejos estaría mi mamá de imaginar la tortura a la que sería sometida durante 6 años y medio en esa institución.


Gracias a que mi mamá fuera una de las primeras internas del colegio me otorgaron una beca estudiantil, que me permitía asistir al colegio sin cancelar ninguna cuota. 
Para mi familia era un privilegio, jamás imaginé que esa condición me hiciera tan diferente a las alumnas que estudiaban ahí.
En primero primaria las burlas comenzaron por mi cabello y las maestras comentaban que eran simplemente cosas de niñas, algo normal.


En mi casa era la "Colocha", de cariño...en el colegio era "La Colocha" en tono de burla.
Mis maestras solían decir que yo era demasiado sensible, que me molestaba por las bromas demasiado, cuando ellas por supuesto, no tenían que soportar las burlas constantes tanto en el colegio como en el transporte a mi casa. Recuerdo que me pegaron chicles, me cortaron mechones, como mínimo.


Llegó segundo primaria y las burlas subieron de tono. Entonces era mi mamá, que en ese tiempo era una mujer con sobrepeso. Era el objeto de diversión de mi grupo, que me molestaban con insultos sobre ¿cómo se siente ser hija de una ballena, de una vaca, etc...?


Luego se dieron cuenta que mi condición económica no era igual a la de las niñas "bien" que estudiaban ahí, a pesar de que tenía todo cuanto necesitaba, no viajaba a "Miami" o "Los Angeles" en las vacaciones, de todas formas cualquier cosa que yo hiciera o dejara de hacer era objeto de burla y rechazo.


La actitud del colegio no cambió. Por el contrario las maestras dejaron de hacer caso a mis quejas, haciéndome sentir culpable por quejarme. La única opción que tenía era aislarme. A partir de ese momento dejé de jugar, de participar, incluso de hablar.
Solía refaccionar en la copa de un árbol o dentro de un tubo, de esos de colores, en donde no podían encontrarme y molestarme.


Era muy mala alumna, no me interesaba aprender, hacer tareas, estudiar, nada. Sin embargo el colegio siempre se encargaba de promoverme de un año a otro, de algún modo.


En casa mis súplicas eran a diario. Me enfermaba constantemente para no asistir y rogaba a mi mamá que me cambiara de colegio.
Al ingresar a tercero  primaria logré convencerla y me pasó a otro colegio. Mi felicidad era completa, pero me duró poco. Las madres o monjas del colegio, hablaron con  mi mamá y la convencieron de que yo tenía una mala actitud, pero que ellas podían ayudarme y una vez más estaba de regreso, la tranquilidad me duró una sola semana.


Tercero, Cuarto, Quinto y Sexto, fueron un martirio. Sufrí abusos verbales, físicos, emocionales y de cualquier otro tipo que exista. Jamás hice un trabajo en grupo, porque  ningún grupo estaba dispuesto a trabajar conmigo. No tenía una sola amiga. La que se atrevía a hablarme o ayudarme corría el riezgo de convertirse en el nuevo objeto de burla y acoso de parte de las demás.


Me obligaron a ir sentada sobre mi lonchera durante el recorrido de bus, ya que no me permitían sentarme en ningún lugar y la maestra monitora nunca hizo nada.
Me humillaban subiendo mi falda, rayando mis cuadernos, pateando mi lonchera, escupiéndome, empujándome o simplemente ignorándome, que era lo más común.


Se acabó la primaria y no fue un alivio. Imaginarme en básicos con adolescentes mucho más crueles me mataba de ansiedad. Dos semanas fueron suficientes para decidir acabar con mi vida, era una niña aún de 12 años, que no quería vivir más. Estaba harta de tanto abuso, de una vida tan infeliz y de que nadie, ni mis padres, ni mis maestros prestaran atención a todo cuanto me ocurría.


Escribí una carta despidiéndome de mi mamá, haciéndole ver todo cuanto había pasado en el colegio y que ella había ignorado. Le escribí una carta a mis compañeras en las que les reclamaba tanto abuso y en donde las culpaba de mi decisión. Ese mismo día, encontré una caja llena de medicamentos y decidí acabar con todo.


No sé que pasó, sólo desperte un día después, en la sala de un médico, un lavado de estómago y mi familia en crisis.


"Se acabó" me dijo mi mamá. Me retiró del colegio y me envió a otro. Ahí tuve la oportunidad de empezar de nuevo. Me realicé como persona, hice grandiosas amigas, que a la fecha frecuento y quiero muchísimo.
Me gradué con excelentes calificaciones y descubrí que no era yo quien tenía un problema.
No era yo quien era la culpable de ese acoso. Ser distinta no estaba mal.


Hoy en día, más de 20 años después no puedo pasar ni siquiera frente a esa institución educativa sin que sufra algún tipo de mareo, malestar o ansiedad. No me gusta hablar con ninguna persona con la que tuve contacto en ese entonces, me enferman.


El acoso escolar no puede ni debe ser ignorado. Si su hijo o hija se queja constantemente, no quiere ir al colegio, se enferma o cambia su sonrisa por una carita triste no lo dude, tome cartas en el asunto.


En el colegio a lo mejor lo pasarán por alto, hay muchos niños, pero en casa usted puede notar el cambio de actitud en sus hijos, no los abandone, no los deje solos.
El acoso escolar existe, la discriminación está ahí, el maltrato no sólo es físico es principalemente emocional.
Su hijo o hija puede ser objeto de burla por su peso, su color, su tamaño, su condición económica, su familia, sus apellidos, y muchas cosas más, y sólo usted puede defenderlo, cuidarlo y protegerlo.
No lo dude, las cicatrices duran para siempre.


Aprendí con el tiempo a defenderme, pero fue un camino muy duro y dificil. Aún me duele....más de 20 años después.

lunes, 3 de octubre de 2011

Los errores se pagan donde más duelen...

Siempre te dicen que los errores se pagan, que suelen pagarse con las cosas que uno más ama.
Pero rara vez nos percatamos de eso....no hasta que nos toca, hasta que lo vivimos en carne propia.

Ja! la vida seguro decidió cobrarse algunas travesuras de las que soy culpable y encontró la mejor manera de hacerlo.
No me duele el cuerpo, me duele el alma.
No me siento triste, me siento desolada.
No estoy asustada, tengo terror.

Y de seguro la vida.... la vida se ríe de mí, a carcajadas la muy descarada...
No que no pizadita! No que no! seguro dice de mí.....

Patricia

martes, 21 de junio de 2011

Puedo ser honesta?

Acaso tengo que decir lo que quieren escuchar para merecer su cariño, su afecto? 
para que me tomen en cuenta? para que me inviten y me incluyan en sus actividades o reuniones?

Si no estoy de acuerdo con lo que los demás dicen o hacen me terminarán haciendo a un lado? 
Preguntas que me asaltaron hoy!

Hoy mirando las publicaciones en mi página de Facebook noté que la gente se pone comentarios positivos, likes, palabras de ánimo...felicitaciones, etc. y me parece algo fenomenal, creo que se fomentan las relaciones a distancia, aquellas que no podrían mantenerse si no fuera por esta herramienta. 
Muchas personas se mantienen al tanto de otras por medio de sus fotos, comentarios y estados...y hasta se identifican con la manera de vivir de aquellos a quienes consideran sus amigos.

Pero? siempre hay un pero...no?  O acaso soy yo la negativa?
Y me pregunté, cuantos de esos comentarios son honestos, sinceros, verdaderos?

Será que todos nos alegramos con la boda, el compromiso, los viajes y la felicidad de los demás?
De verdad estamos de acuerdo con lo que los demás escriben o piensan?

O simplemente estamos siendo condescendientes?
                   *Condescendiente: Que condesciende o tiende a acomodarse a los gustos o deseos ajenos.

Yo por ejemplo, no estoy de acuerdo con los que tratan de evangelizarnos a toda costa, que nos bendicen y ponen citas bíblicas para obligarnos a creer en su religión... tampoco con aquellas que nos presumen sus parejas de turno, aunque les duren un par de semanas...

Y mucho menos con aquellos que  pretenden hacernos creer que su vida es un dechado de virtudes, cuando sabemos perfectamente que tienen una gran cola que les pisen... 

Pero por qué no se los digo?
Que pasaría si se los comentara? Si les digo que no estoy de acuerdo,  peor aún.. que pienso diferente?

Qué pasaría si cuestiono sus decisiones? si me atrevo a decir realmente lo que pienso?
No creo que la reacción sea de tolerancia y comprensión...pero bueno...

Creo que empezaría por decirle a un par que debería darles vergüenza a su edad estar escribiendo todo con "Z", a otros les diría que tanto amor, besos y cariños más parece que es para convencernos y "convencerse" de que su amor es cierto y verdadero...a otros tantos que la foto no les favorece y que sus comentarios regularmente son estúpidos...y a uno que otro le reclamaría por las faltas ortográficas, por su pésima redacción y por no informarse antes de hablar.

Pero entonces....cuál sería mi suerte?
Seguro me eliminarían, me reportarían o alertarían a los demás para no agregarme a su Facebook, sin ninguna contemplación!
Me condenarían al destierro "virtual"...no le parece a usted?

Sé que mi familia y amigos cercanos  saben que no comulgo con algunas de sus creencias, decisiones y formas de vida, pero no me eliminan porque prefieren "guardar las apariencias"... 
Sin embargo ya no me invitan a los cumpleaños, ni reuniones, no me participan de sus "actividades sociales"..etc  
Sólo soy su "amiga" en Facebook y tengo derecho a ver las fotos de sus eventos...con lo que debería sentirme satisfecha.

Aún así creo que podría animarme a intentarlo... a tratar de ser completamente honesta... y estoy segura que  no me quedaría completamente sola....

Gracias a Twitter he conocido personas a las que he podido agregar a Facebook y que leo por la calidad de  sus ideas, por lo que piensan y por lo que hacen, personas valiosas de muchas maneras, que escriben cosas interesantes, que merecen la pena ser comentadas y que se ganan los "me gusta" a pulso.... personas a las que me gustaría llamar en un futuro "mis amigos"

No está todo perdido....quiero creer...
Hay personas en este camino que llamamos "vida" suficientemente inteligentes como para soportar una crítica, un comentario y la diversidad de creencias y formas de pensar...

Al final....esto funciona! Yo ya me respondí mis preguntas....

Y usted?

Patricia



viernes, 17 de junio de 2011

A golpes?

Esta semana un artículo en El Periódico, acá en Guatemala, hizo que tanto mujeres y hombres se mostraran molestos y ofendidos en su calidad de seres humanos, al sugerir que las mujeres para no ser golpeadas, deberíamos de permanecer calladas. "Calladita, se ve más bonita" dicen.... que estupidez!

Se sugiere que las mujeres provocamos la ira de los hombres, al punto de que nos agarren a golpes; al recibirlos con insultos y regaños, cuando llegan borrachos de la calle. Y qué esperaban, caldito y cariños?

Leí algunos comentarios de hombres que piensan que las mujeres algunas veces hablamos "demasiado", que no cuidamos nuestra lengua, que provocamos con insultos y palabras hirientes que ellos nos quieran golpear.
Y yo pensaba... que acaso no puede regresar por donde vino o meterse a la habitación y esperar que la tormenta pase? Acaso no puede admitir que se equivocó y entender la molestia que causa su comportamiento? o hablar con su pareja y hacerle saber que sus palabras le hieren y que le gustaría trabajaran en eso para mejorar?

Las mujeres tenemos facilidad de palabra, la mayoría hablamos porque así es como comunicamos nuestros sentimientos y es lógico que también así nos defendamos. Pero de eso a que merezcamos ser golpeadas por hacer reclamos que consideramos justos...o a lo mejor injustos....eso es inaceptable.

He de admitir que una vez fui golpeada, por decir más de lo que debía, por no respetar. Estuve a punto de denunciarlo. No lo hice. No crea que por miedo, sino por el dolor que seguramente le hubiera causado a mi madre.

Es un evento, que no se puede superar. No tiene disculpa, y mucho menos se olvida. Las cosas a partir de ahí jamás vuelven a ser iguales.
Los golpes nos dañan física, emocional y psicológicamente. Los golpes no nos enseñan nada.
Los golpes nos humillan y nos denigran.

Las mujeres, hombres, niños, ancianos, homosexuales, lesbianas, son antes que eso...seres humanos. Merecen respeto, consideración, pero sobre todo la oportunidad de expresarse, opinar, alegar, regañar, enojarse, gritar, sin por eso merecer una golpiza.

Entiendo que las palabras suelen doler mucho más que los golpes, pero si a usted le ofende una palabra, está en la libertad y el derecho de darse la vuelta y discutir sobre el tema cuando las cosas estén más tranquilas. La violencia jamás será la solución. El maltrato deja heridas imposibles de sanar.

Yo siempre me pregunto, a usted le gustaría recibir un golpe por decir lo que siente?

A mí no.

Patricia.