lunes, 19 de marzo de 2012

A propósito del Bulling....cicatrices del acoso escolar.

Cuando eres una niña de 7 años la emoción por entrar al colegio sólo puede ser comparada con un viaje o un grandioso regalo. Tú primer día es emocionante. Quieres conocer a tus amigas, quieres aprender, quieres empezar esa gran aventura de leer y escribir.


Llegas y todo parece normal, tu maestra es bonita, inteligente y graciosa; tus compañeras son como las imaginabas, niñas como tú, tus futuras amigas.


Hasta el momento las únicas diferencias entre unas y otras es el color del cabello y que algunas son más extrovertidas que otras. Sin embargo eres muy chica para comprender que hay diferencias entre ellas y tú, que aún no has notado...o peor aún que sólo ellas notan.


A los 7 años no tienes consciencia de tu situación económica con respecto a los demás, o de que tus diferencias físicas sean un problema. Eres una niña feliz, como todas.


A los 7 años inició mi aventura en un colegio de señoritas....el Monte María. Colegio de gran prestigio, con una excelente educación académica, en valores y deportes. Mi mamá, una orgullosa ex-alumna, que como todas, tenía la ilusión de que su primera hija estudiara en su "Alma Mater".
Que lejos estaría mi mamá de imaginar la tortura a la que sería sometida durante 6 años y medio en esa institución.


Gracias a que mi mamá fuera una de las primeras internas del colegio me otorgaron una beca estudiantil, que me permitía asistir al colegio sin cancelar ninguna cuota. 
Para mi familia era un privilegio, jamás imaginé que esa condición me hiciera tan diferente a las alumnas que estudiaban ahí.
En primero primaria las burlas comenzaron por mi cabello y las maestras comentaban que eran simplemente cosas de niñas, algo normal.


En mi casa era la "Colocha", de cariño...en el colegio era "La Colocha" en tono de burla.
Mis maestras solían decir que yo era demasiado sensible, que me molestaba por las bromas demasiado, cuando ellas por supuesto, no tenían que soportar las burlas constantes tanto en el colegio como en el transporte a mi casa. Recuerdo que me pegaron chicles, me cortaron mechones, como mínimo.


Llegó segundo primaria y las burlas subieron de tono. Entonces era mi mamá, que en ese tiempo era una mujer con sobrepeso. Era el objeto de diversión de mi grupo, que me molestaban con insultos sobre ¿cómo se siente ser hija de una ballena, de una vaca, etc...?


Luego se dieron cuenta que mi condición económica no era igual a la de las niñas "bien" que estudiaban ahí, a pesar de que tenía todo cuanto necesitaba, no viajaba a "Miami" o "Los Angeles" en las vacaciones, de todas formas cualquier cosa que yo hiciera o dejara de hacer era objeto de burla y rechazo.


La actitud del colegio no cambió. Por el contrario las maestras dejaron de hacer caso a mis quejas, haciéndome sentir culpable por quejarme. La única opción que tenía era aislarme. A partir de ese momento dejé de jugar, de participar, incluso de hablar.
Solía refaccionar en la copa de un árbol o dentro de un tubo, de esos de colores, en donde no podían encontrarme y molestarme.


Era muy mala alumna, no me interesaba aprender, hacer tareas, estudiar, nada. Sin embargo el colegio siempre se encargaba de promoverme de un año a otro, de algún modo.


En casa mis súplicas eran a diario. Me enfermaba constantemente para no asistir y rogaba a mi mamá que me cambiara de colegio.
Al ingresar a tercero  primaria logré convencerla y me pasó a otro colegio. Mi felicidad era completa, pero me duró poco. Las madres o monjas del colegio, hablaron con  mi mamá y la convencieron de que yo tenía una mala actitud, pero que ellas podían ayudarme y una vez más estaba de regreso, la tranquilidad me duró una sola semana.


Tercero, Cuarto, Quinto y Sexto, fueron un martirio. Sufrí abusos verbales, físicos, emocionales y de cualquier otro tipo que exista. Jamás hice un trabajo en grupo, porque  ningún grupo estaba dispuesto a trabajar conmigo. No tenía una sola amiga. La que se atrevía a hablarme o ayudarme corría el riezgo de convertirse en el nuevo objeto de burla y acoso de parte de las demás.


Me obligaron a ir sentada sobre mi lonchera durante el recorrido de bus, ya que no me permitían sentarme en ningún lugar y la maestra monitora nunca hizo nada.
Me humillaban subiendo mi falda, rayando mis cuadernos, pateando mi lonchera, escupiéndome, empujándome o simplemente ignorándome, que era lo más común.


Se acabó la primaria y no fue un alivio. Imaginarme en básicos con adolescentes mucho más crueles me mataba de ansiedad. Dos semanas fueron suficientes para decidir acabar con mi vida, era una niña aún de 12 años, que no quería vivir más. Estaba harta de tanto abuso, de una vida tan infeliz y de que nadie, ni mis padres, ni mis maestros prestaran atención a todo cuanto me ocurría.


Escribí una carta despidiéndome de mi mamá, haciéndole ver todo cuanto había pasado en el colegio y que ella había ignorado. Le escribí una carta a mis compañeras en las que les reclamaba tanto abuso y en donde las culpaba de mi decisión. Ese mismo día, encontré una caja llena de medicamentos y decidí acabar con todo.


No sé que pasó, sólo desperte un día después, en la sala de un médico, un lavado de estómago y mi familia en crisis.


"Se acabó" me dijo mi mamá. Me retiró del colegio y me envió a otro. Ahí tuve la oportunidad de empezar de nuevo. Me realicé como persona, hice grandiosas amigas, que a la fecha frecuento y quiero muchísimo.
Me gradué con excelentes calificaciones y descubrí que no era yo quien tenía un problema.
No era yo quien era la culpable de ese acoso. Ser distinta no estaba mal.


Hoy en día, más de 20 años después no puedo pasar ni siquiera frente a esa institución educativa sin que sufra algún tipo de mareo, malestar o ansiedad. No me gusta hablar con ninguna persona con la que tuve contacto en ese entonces, me enferman.


El acoso escolar no puede ni debe ser ignorado. Si su hijo o hija se queja constantemente, no quiere ir al colegio, se enferma o cambia su sonrisa por una carita triste no lo dude, tome cartas en el asunto.


En el colegio a lo mejor lo pasarán por alto, hay muchos niños, pero en casa usted puede notar el cambio de actitud en sus hijos, no los abandone, no los deje solos.
El acoso escolar existe, la discriminación está ahí, el maltrato no sólo es físico es principalemente emocional.
Su hijo o hija puede ser objeto de burla por su peso, su color, su tamaño, su condición económica, su familia, sus apellidos, y muchas cosas más, y sólo usted puede defenderlo, cuidarlo y protegerlo.
No lo dude, las cicatrices duran para siempre.


Aprendí con el tiempo a defenderme, pero fue un camino muy duro y dificil. Aún me duele....más de 20 años después.